Realmente con la duración del cese de actividades en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, por razones de solidaridad con el Paro Nacional, la institución entró en una situación casi insostenible, en la que se han interrumpido los programas de formación en pregrado, alma del proyecto universitario. Además, con el riesgo grande de que no se pueda terminar el primer semestre académico de 2021, un daño grave en el orden cultural, social y académico para la propia comunidad estudiantil, compuesta por 27.500 jóvenes, deseosos de unos estudios profesionales de alta calidad.

La superación de esta coyuntura crítica ha abierto un dilema: reanudar el calendario, con el reingreso a las clases, salvando de ese modo el periodo académico, o  el de cancelar el semestre.

La primera opción es difícil; la segunda fácil. Solo que ambas entrañan costos sensibles, tanto de carácter político, como financiero y cultural. Para la cancelación, bastaría (solo en apariencia) con el hecho de que el Consejo Superior, amparándose en su condición de máxima instancia, así lo determinara.

Para empezar, no existe norma alguna dentro de la Universidad que autorice directamente al máximo órgano de gobierno para que cancele un semestre. Por tal circunstancia, una decisión de esa naturaleza tendría más bien un desarrollo indirecto y una base jurídica muy frágil. Sería una medida, no revestida por entero con la seguridad funcional y procedimental del derecho.

Ahora bien, si de todos modos el órgano superior procediera, en su sabiduría, a la cancelación, sus efectos prácticos no tendrían mayor incidencia en la solución de la crisis. Y no las tendrían, porque en términos laborales y presupuestales, ya el Consejo Académico en uso de sus atribuciones suspendió las actividades propias del calendario y, con ellas, la vinculación de los docentes de cátedra. Por otra parte, los de planta y los ocasionales continuarían con su vinculación habitual, remunerada obligatoriamente por la Universidad.

Sin ninguna incidencia en los efectos prácticos, la cancelación pasaría a ser poco menos que el reconocimiento de un sentimiento de impotencia, compartido por todos, sin que por otro lado ayudase a solucionar nada real. Además, sin que garantizase la reiniciación de clases para agosto, en ausencia de un proceso de concertación.

Por otra parte, la cancelación tiene algunos efectos negativos. En primer término, deja sin razón de ser las semanas en las que se hicieron clases. Simplemente las elimina como valor agregado, de orden académico y educativo. Por cierto, diluye completamente lo invertido en matrícula cero (0), en conectividad y en apoyo alimentario.

Aunque parezca un expediente, accesible y justificado por la situación, la renuncia al semestre es un sacrificio social, también material y simbólico, francamente evitable. Un sacrificio que no podría legitimarse con razonamientos desestimables que no van al fondo de las necesidades estructurales que plantea la situación actual. De lo que se trata en cambio es de reflexionar, discutir y convencer con argumentos agudos y persuasivos.

La otra opción, la de retomar el semestre -siendo más exigente y compleja- puede tener efectos positivos y también ayudar a una atmósfera en la que se desplieguen mejor las soluciones a un conflicto. Del mismo modo dicho camino llega a representar la posibilidad para que se abran las actividades concernientes a una enseñanza atravesada por el método dialéctico y plena de un espíritu crítico y comprehensivo.

Es más exigente porque requiere no solo de la voluntad de las instancias de gobierno dentro de la institución, sino porque hace parte de concertaciones, para las cuales debe contarse con el movimiento estudiantil. Es difícil, ciertamente, pero al menos no es un hecho con el que la Universidad se limite a confirmar la imposibilidad de un acuerdo o de una solución. Sino que implica la construcción de un marco dentro del cual se retome la normalidad académica.

Naturalmente, si tal esfuerzo se traduce en avances, habrá que contemplar garantías y reajustar el calendario, con la prolongación de los periodos. Pero así se salva el primer semestre y las semanas ya trabajadas. Por lo demás, se crea simultáneamente un espacio de discusión mediante la organización de mesas de trabajo; que son útiles, obviamente, si integran posturas razonables de parte y parte. Y sobre todo si se convierten en un espacio para el diálogo y el entendimiento con los estudiantes.

Lo importante ahora es pasar muy rápidamente a la conversación inteligente y a la decisión de volver a las clases para salvar el semestre, algo que no le impide a nadie mantener en alto su espíritu solidario y su disposición para contribuir al desarrollo de la misión científica, tecnológica, humanista, creativa y democrática de la Universidad Distrital.

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Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Rendición de cuentas 2020