Este 20 de julio -fecha celebratoria de la independencia y del levantamiento de los criollos contra el sojuzgamiento de las autoridades virreinales, cerriles y autocráticas- coincide con la organización de nuevas movilizaciones, en la estela de las protestas que desde abril y mayo pusieron de presente el estado de inconformidad de amplias franjas de la juventud urbana. Una juventud que ha sido afectada por la caída pronunciada de los indicadores sociales, algo que significó el aumento de la pobreza monetaria, el incremento de la pobreza extrema y el crecimiento del desempleo.

Este último, un reglón sensible que incide en la disminución del bienestar, alcanzó niveles muy altos en el promedio nacional, hasta treparse al 16%; lo que siendo ya muy negativo y castigador, tampoco impidió que en el caso de los jóvenes fuera aún más elevado, hasta alcanzar una proporción escandalosa del 23.5%, verdadera situación de crisis social que demanda una respuesta pronta y enérgica del Estado. Todo ello, en el sentido no solo de una reactivación del aparato productivo, sino de la promoción particular de apoyos y subsidios que vayan en la dirección de estimular el empleo entre los jóvenes; también que vayan en la línea de fomentar condiciones para el ingreso de nuevos contingentes a la educación superior.

En todo caso, además de que el Estado y la sociedad abran el horizonte para reformas estructurales y redistributivas, las urgencias de la coyuntura plantean la necesidad de darle continuidad a programas como el Ingreso Solidario y el respaldo a la nómina de las MiPymes.

Con todo, lo que impone el momento, como catálogo de medidas, tiene que ver con los subsidios a las empresas que ofrezcan efectivamente puestos de trabajo a los jóvenes, a lo cual deben sumarse los apoyos fuertes a los emprendimientos independientes.

Al mismo tiempo, la matrícula cero, como política del Estado, y los programas amplios de becas, deben enfatizarse, a fin de facilitar la ampliación de la cobertura en las universidades, naturalmente sin descuidar la calidad de la educación. Deben constituirse en programas de alcance mayor para que los jóvenes, que ni estudian ni trabajan, de modo que accedan a unos procesos de enseñanza, a partir de los cuales se integran a los distintos campos de la sociedad, impulsados por sus proyectos de vida.

La Universidad Distrital endereza su proyecto, bajo la pauta de mayores esfuerzos en la perspectiva de una equidad social para la academia de calidad. Así: ha propiciado la matrícula cero, ha prestado apoyo en conectividad y ha facilitado tablets a los estudiantes; algo que por otra parte no le ha impedido ofrecer bonos de apoyo alimentario, redimibles en mercados, un plan que ha llegado con sus beneficios a 28.000 estudiantes en un año.

Más allá de la coyuntura, la propia existencia de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, configura un proyecto de envergadura en favor de una ciudad y una nación más democráticas, más desarrolladas. Ahora bien, por este motivo superior necesita que sus líneas misionales estén en plena marcha. De ahí la exigencia imperiosa de que la comunidad haga conciencia acerca de retomar el calendario académico.

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Fuente de información: Rectoría
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Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Rendición de cuentas 2020