Las notables diferencias entre la Universidad Distrital que me recibió en el 2020 y la que vivo hoy. Una la viví a través de pantallas: videollamadas, clases, trámites remotos y vínculos de cierta manera fragmentados; la otra responde a una comunidad universitaria más centrada, tecnológica e inclusiva, que se está construyendo a través del diálogo y nuevos mecanismos de participación, que empiezan a transformar la forma en la que se toman decisiones. Esa tensión entre urgencia y paciencia, protesta y acuerdo, nos ayuda de alguna manera, a entender cómo ha cambiado la UD.
Ingresé en el segundo periodo académico de 2020 en plena pandemia por COVID-19. Lo que para otras generaciones fue un día de inducción presencial, para mí fue una sesión virtual de la que no me enteré a tiempo, porque no pude acceder al correo institucional. Las clases, los trámites y la vida universitaria tuvieron que reinventarse, lo cual dibujó en mí imaginario, de una universidad que existía más como una gran plataforma que como un espacio físico.
Esa memoria explica, por qué los encuentros presenciales posteriores, como las inducciones generales en la Biblioteca Aduanilla de Paiba y las actividades en cada facultad, se sienten hoy como reivindicaciones necesarias: no solo informan, sino que devuelven pertenencia, cercanía y visibilidad a quienes conocieron la UD a través de una pantalla. Estas actividades, que fueron pensadas inicialmente para estudiantes de nuevo ingreso (aunque debo confesar que más de un estudiante antiguo participó), tienen un efecto muy positivo en la comunidad, ya que son espacios de apropiación y sentido de pertenencia a nuestra Alma máter y los servicios que esta nos ofrece.
La pandemia obligó a replantear la manera de acompañar a los estudiantes. Las ayudas alimentarias, antes centradas en la entrega de comida caliente en las sedes, pasaron a entregarse como bonos durante la virtualidad. Algo que, sin duda, fue un apoyo fundamental para las familias, y más aún, en un momento tan sensible emocional y económicamente; por que este apoyo nos dio la posibilidad de acceder a un recurso fundamental como es un mercado.
Actualmente ambas modalidades conviven; lo cual hace de esta, una iniciativa pensada en ofrecer las dos opciones, de manera que se supla la necesidad de cada estudiante, lo que evidencia una mayor flexibilidad para no solo para el estudiantado; sino, para cada núcleo familiar.
De igual manera, iniciativas como el préstamo de tablets y las recargas de datos, pusieron sobre la mesa la urgencia de enfrentar la brecha digital, demostrando que era posible desplegar apoyos concretos para sostener la formación en momentos críticos.
Hoy la escena es distinta. La Universidad no solo volvió a la presencialidad, sino que logró reconstruir su comunidad: revivieron las huertas, los colectivos de cuentería, los grupos de rap, los movimientos feministas y múltiples iniciativas estudiantiles y docentes; incluso podría destacar un cambio importante en la biblioteca “Heliodoro Sánchez Páez”, ubicada en mi sede, la Ciudadela Universitaria El Porvenir, que cuando la conocí, apenas se estaba fortaleciendo. Ahora tiene una circulación constante y nuevos laboratorios vinculados a distintas facultades, que representan también una esperanza para quienes apenas comienzan su camino universitario.
Con el tiempo, La Ciudadela Universitaria El Porvenir, ubicada en la localidad de Bosa, consolidó los espacios de Comunicación Social y Archivística con laboratorios especializados. Para Comunicación, se entregó el estudio de radio, el laboratorio de televisión y fotografía, y un máster de televisión, fruto de años de gestión, insistencia estudiantil y veeduría académica. En Archivística, se puso en marcha el Laboratorio de Archivística y Humanidades Digitales, que aún está en proceso de fortalecimiento, pero que amplía las prácticas estudiantiles e incorpora dimensiones importantes en la actualidad, como la preservación digital.
Por su parte, la sede Macarena A, adecuo nuevos escenarios para programas de la Facultad de Ciencias y Educación como: el Laboratorio de Lenguas, que permite prácticas en comprensión y producción de idiomas con apoyo tecnológico y el Laboratorio de Matemáticas donde los estudiantes experimentan metodologías aplicadas más allá de la teoría del aula.
En la localidad de Ciudad Bolívar los edificios Techné y Lectus, inaugurados en 2023, transformaron la experiencia universitaria en el sur de Bogotá. Sus aulas, ambientes de investigación y salas de práctica, ofrecen a la comunidad universitaria de este sector y localidades aledañas y, hasta al municipio de Soacha, condiciones de alta calidad que antes no estaban disponibles en esta zona de la ciudad.
Mientras tanto, en Chapinero avanza la construcción del nuevo edificio de Laboratorios de la Facultad de Ingeniería; un proyecto que incluirá: salas de software especializado, áreas de investigación y un observatorio astronómico; ampliando de manera significativa la formación de ingenieros en la capital del país.
Estas transformaciones responden a un déficit de infraestructura que la institución enfrentó durante más de una década. Son, en buena medida, reparaciones de deudas históricas con las facultades, con estudiantes y docentes que durante años trabajaron o estudiaron en espacios con recursos limitados que hoy, con gran satisfacción, se empiezan a ver materializados, como el cumplimiento de la promesa de una universidad que busca su desarrollo educativo.
Ese mismo espíritu de renovación se siente en lo institucional, donde tomaron fuerza distintos mecanismos de participación. Es así como desde la Asamblea Universitaria, (creada en 2020) hasta el fortalecimiento del Consejo Estudiantil y los claustros docentes, se evidencia una apuesta por democratizar la toma de decisiones. La emergencia y la movilización impulsaron diálogos que, con el tiempo, derivaron en acuerdos y en nuevas reglas.
Un gran logró fue, la aprobación de la Reforma al Estatuto General, durante el primer semestre del 2025, con el que se buscará implementar nuevos procesos de selección y designación que garanticen una mayor transparencia y participación por parte de la comunidad universitaria.
También hubo transformaciones académicas. Un ejemplo fue la creación de la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales, en noviembre de 2021, hecho que separó las vertientes de las ciencias puras y de formación docente. Esa decisión no sólo redefinió estructuras administrativas, abrió rutas más claras tanto para quienes optan por la investigación científica, como para quienes se forman como docentes.
En paralelo, la Universidad sostiene su condición de Institución Acreditada de Alta Calidad, un estatus que se prepara para renovar, mientras algunos de sus programas más recientes también alcanzan ese reconocimiento, reflejo de una apuesta por consolidar trayectorias académicas más sólidas.
La transformación de la Universidad Distrital en esta administración, más que un cambio de rostros o de edificios, fue el resultado de interacciones, demandas estudiantiles, iniciativas docentes y decisiones administrativas que encontraron puntos de confluencia. La UD que conocí al entrar y la que hoy frecuento, comparten por encima de todo, la capacidad de reinventarse cuando su comunidad se organiza y propicia espacios de diálogo orientados al bien de todos y todas.
Sistema Integrado de Comunicaciones
Fuente de información:
Rectoría
Comunicaciones UD - Alisson Hernández
Universidad Distrital Francisco José de Caldas
